La historia de las cajas fuertes

Una caja es un compartimiento de seguridad donde su apertura es única para  personas autorizadas, permitiendo guardar elementos de valor. Por lo general, las cajas fuertes  son hechas en un metal extremadamente resistente, su peso es alto para evitar su traslado y constan de un sistema de seguridad que solo se realiza su apertura mediante claves secretas.

Las primeras versiones de algo similar a  una caja de seguridad, fueron vistas  ya antes de la época medieval, cofres de madera  reforzados con bandas de hierro martillado, esta técnica se inició por razones estéticas. El siguiente paso lógico fue la manufacturación de cofres enteramente construidos con hierro fundido.

En Roma, las cajas fuertes eran ya de hierro, se ubicaban a la entrada de las casas y junto a ellas se encontraba un  esclavo cuya misión  era protegerla de día y noche. A finales del siglo XV se popularizo el uso de armarios fuertes, de hierro, donde prestamistas guardaban sus grandes riquezas. Pocos años después, en España las cajas fuertes eran cajas con cerraduras y cerrojos sobre las que  dependiendo se leían cosas como ésta: “La ocasión hace al ladrón, y no el corazón”.

La caja fuerte moderna nació en el siglo XIX, hacia el año 1844, donde el  francés Alejandro Fichet, quien en 1829 había inventado una cerradura inviolable,  fue el  que desarrollo un sistema seguro de caja fuerte, capaz de resistir cualquier condición fuerte como, el fuego, el agua y obviamente a los  hábiles ladrones.

Más tarde, Napoleón III, solicito a  Augusto N. Bauche, que abriera un taller de cajas fuertes en la región de Reims para para poder mitigar la temporada de robos que se generó en el año 1868. Bauche se asoció con otro inventor Fichet, donde se encargaron hacer frente al desarmador de cajas fuertes, al terrible invento de soplete de oxiacetileno, obra de Charles Picard, en 1907.

Durante la Segunda Guerra Mundial se realizaron cajas fuertes inexpugnables. Tal fue si comprobación que durante  la explosión nuclear de Hiroshima, la caja fuerte de uno de los bancos de aquella ciudad japonesa fue encontrada a cien metros de su emplazamiento original, al ser abierta,  todos comprobaron que en su interior nada había sido averiado: documentos y dinero estaban en perfecto estado de conservación. Desde la Segunda Guerra Mundial, hasta nuestros días, el incremento de la inseguridad ha sido grande  de tal manera el ingenio que las cajas fuertes de nuestro tiempo apenas se parecen a aquellos venerables ingenios que hoy merecen la sonrisa y la comprensión de los avezados ladrones del siglo XXI.